MAS ALLA DEL JARDIN…
Recordando la novela de Gala en la que narra cómo alguien, un día, y desde luego empujada por las circunstancias, sale de su jardín… y empieza a sufrir la realidad, y a disfrutarla.
No es que antes no tuviese motivos para sufrir, es que no sabía que los tenía, o quizás si…
A veces vivimos rodeados de adelfas, de rosaledas en flor, de caminos de piedrecitas hábilmente colocadas, de merenderos que nos dan cobijo mientras placidamente tomamos un café y contemplamos cómo están floreciendo los naranjos aunque solo es Febrero. Y en ese momento, solo en ese, piensas en el cambio climático- ” a ver si vá a ser cierto porque nunca antes, en casa, han forecido los naranjos en Febrero!”. Y hasta ahí te importa.
Y paseas en ese jardín que te tiene ocupada todo el día, -”apesar de que tenemos jardinero por supuesto, ” pero este chico no entiende que los pensamientos están mejor bajo el rododendro porque los proteje del viento”- .Y en ese momento, solo en ese, piensas en la mano de obra especializada y en que la gente debe poderse preparar para una profesión y ser competitivo.
Continúas disfrutando de tu pequeño paraiso, tras las altas tapias que lo protejen, que te protejen a tí. y entonces, y solo entonces piensas en que la justicia sea eficiente y mantenga a ladrones lejos de tu propiedad.
Y sabes de apreturas económicas porque oyes a la cocinera que comenta con la asistenta que no le llega el sueldo a fin de mes, porque uno de sus hijos “necesita mas de lo normal y ella… qué puede hacer??, le tendrá que dar para que no lo busque por ahí…”. Y en ese momento, solo en ese, piensas en lo bien que hiciste enviando a tus hijos a colegios privados en los que la educación y rectitud les alejaba de toda mala influencia.
Y el único dolor de cabeza te dá los viernes por la noche, siempre después de salir a cenar, y solo entonces piensas-” desde luego es importantísimo tener una correcta alimentación para tener salud, menos mal que durante la semana como equilibradamente, de no ser así me dolería mas la cabeza”.
Y un día, si tienes suerte, te asomas por encima de las tapias de tu jardín y ves el exterior, el mundo real mas allá de tu paraiso. Y miras mas allá de tu ombligo y te das cuenta de que la vida es infinitamente mas complicada, infinitamente mas dura, infinitamente mas sincera que lo que has vivido entre esos muros.
Y tienes la suerte de ver que también existen los otros; los desempleados, los marginados, los tristes, los enfermos, los pobres. Y también los productivos, los altruistas, los alegres, los vitales, los ricos de espíritu.
Y te miras, y no te reflejas en ninguno; ni rica de espíritu ni pobre de solemnidad, ni tienes el cuerpo enfermo ni la mente sana, ni estás desempleada ni construyes nada que merezca la pena, ni eres felíz ni lo contrario; simplemente descubres que eres indolente al resto del mundo. Y te ves por ello fuera de él, mientras creias que era el mundo lo que estaba fuera de esas tapias… la realidad es que eras tú quien estaba fuera del mundo; atrapada, recluida, sorda y ciega ante la vida.
Y en ese momento, solo en ese, si tienes suerte entiendes dónde está la verdadera belleza, la verdadera placidez. Porque solo se aprecia la luz porque existen las sombras, solo valoramos la alegría tras el llanto, y no hay descanso como el que llega tras el esfuerzo.
Mas allá del jardín de cada uno está el paraiso de todos, si queremos.