España era diferente, eso decía cierto slogan que se puso de moda allá por los años sesenta.
Seguramente nos hacía diferente el hecho de dormir despues de comer, la siesta. Nos hacía diferente el hecho de estar de jarana hasta las dos o las tres de la madrugada sin necesidad de meternos en una discoteca, en la mismisima calle. Y al día siguiente a las nueve en el puesto de trabajo, con un par, para eso dormíamos la siesta!!.
Diferentes también porque el desayuno lo hacemos ligerito, a penas un café y encima corto e intenso, por aquello de no necesitar laxante para ir al baño antes de salir pitando para el trabajo. y ya despues, a la media hora de fichar entrada, ya salimos a desayunar tranquilamente, el café seguirá siendo corto, pero la sobremesa es larga porque hay que charlar un pco con el camarero, con los compañeros, con los parroquianos de la cafetería, y comentar un poco de política, otro poco de deportes, o de las rebajas del corte ingles. Y por supuesto contarnos algo de intimidad, porque si nos preguntan que tal hemos dormido, pues ya de camino les contamos el como y el con quién. De la experiencia se aprende, no?, pues compartirlas es labor docente.
Al salir del trabajo nada de ir volando a casa a comer, antes hay que tomar una cervecita en el mismo bar, para qué sino está el hombre con el negocio abierto??, pues para que nos socielicemos y para hacer rutar la pasta, que en eso se basa la economía. Y si comemos en el trabajo es lo mismo, mas razón aún para hacer la barra mientras nos preparan la mesa.
Y claro, cualquier extrangero jubilado que nos vea dirá; cómo pasa tantas horas en el bar si está trabajando??, pues es sencillo`; porque para eso hago horas extras, no siempre pagadas, y me pierdo la siesta.
También España es diferente porque nos gusta comer en la calle, pero sentados en una terraza y con amigos. Volvemos a la importancia de la vida social, hay que compartir lo que nos ha sucedido en el día, y lo que le ha sucedido al compañero, al jefe, y al vecino de el del bar. Y también nos contamos lo sucedido con la pareja, con los hijos, con los amigos de los hijos, con los amigos de las parejas, y con la pareja de el del bar.
En las playas también comemos, y tomamos cerveza y nos gustan las sardinas, pero nos gustan solo en la arena, en casa nos horroriza soportar el olor, pero en la playa es dulce fragancia. Pero el chiringuito tiene que estar en la arena, porque si no es así pierde la gracia el cubata o el tinto. Si nos tenemos que vestir para tomar una cerveza ya no nos merece a pena, para eso la llevamos en una nevera que encima nos salen mas baratas. Pero repito que no es lo mismo, porque la cerveza de lata no sabe igual que la que tiran fresquita del barril. Luego para ir al chiringuito es imprescindible no tener que vestirse mas allá de una camiseta o unas chanclas. Al restaurante ya iremos de noche, que si estás en la playa es para estar en la playa, no para andar saliendo y entrando.
Y un país en que la conversación es imprescindible, el cigarrito y la copa la acompañan de maravilla, como que afianza mejor las ideas que se exponen. Por eso estaba permitido fumar en los sitios en que se vá a hablar, que son todos los bares y restaurantes o cafeterías imaginables y que se precien. Repito, vamos a hablar y de camino comemos o tomamos algo, pero el motivo principal es la charla con el de al lado.
Y los mercadillos, cómo nos gusta un mercadillo!!, dónde si no íbamos a encontrar la pieza que le faltaba a la lámpara o la camiseta ideal para la playa o las pilas para el relój, o esa maceta divina que me hacía falta en el patio o la terraza…,, eso, a buen precio, solo lo encontramos en los mercadillos. Además por solidaridad con los comerciantes ambulantes, para que ellos también se tomen la cervecita en el bar o me compren lo que mi empresa vende. Aquello de que el dinero rule… Y como nos gusta la calle porque el clima lo permite, dónde mejor que al aire libre para hacer compras??, lejos de encerrarnos en un centro comercial en que no sabemos si es de día o de noche.
Y de nuevo en la playa, o en el paseo marítimo, qué rico nos sabe el pescadito frito en papel de estraza que nos venden en la calle, o las patas de cangrejo, o el coco, o los helados, o los coquis!!, o las pipas, o los altramuces. Ays… qué amenos nos hacen los paseos todos esos puestos de mil y una chorradita para ponernos, para colgarnos o para comernos, mientras a la orilla del mar pero casi sin mirarlo, disfrutamos de paseos mientras charlamos de nuestras cosas, que a veces mas que nuestras son las cosas de los demás, pero de las que aprendemos un montón.
y quizás por esa vida en la calle, relajada en protecciones de sanidad o en economía sumergida o en ley de costas…, quizás por eso España era diferente, y por diferente venían los estrictos alemanes o los individualistas suecos, o los rerpimidos ingleses a pasar el verano, y a vivir los últimos años de sus aceleradas y reglamentadas vidas.
Pero todo eso puede desaparecer en breve, porque en los bares además de los carteles de ” se prohibe cantar” o ” se prohibe escupir en el suelo”, está el de “se prohibe fumar” , y pronto se prohibe el alcohol a partir de las doce, como en Inglaterra!!, Y si encima de prohibor todo eso , los precios son prohibitivos… para qué vamos a ir a un bar???, para eso nos quedamos en casita, recluidos. Y nos volveremos introvertidos, no sabremos qué le pasó al vecino del dueño del bar ni al parroquiano con su mujer ni a la camarera con el marido. Y no aprenderemos de sus experiencias ni reiremos con sus conclusiones. Pero ahorraremos, eso sí, pero calro, entonces el del bar, no comprará en mi negocio porque el no hace negocio ya conmigo.
En la playa ya no se podrán poner los chiringuitos, ni las sardinas, ni el tio que vende los camarones, porque por un lado sanidad lo prohibe y por otro hacienda también, vaya a ser que no contribuyan con la hacienda pública, Pero claro, si ese no gana dinerillo tampoco podrá gastarlo, no comprará al del mercadillo ni el del mercadillo al del bar ni el del bar en mi empresa.
Y para qué vamos a ir al paseo marítimo si allí no hay nada que ver??, para mirar el mar…??, eso nos ocupa apenas media hora, por lo tanto no es necesario consumir nada porque hasta si nos hacemos pipí somos capaces de aguantar media hora hasta llegar a casa. Por lo tanto no hay que entrar en la cafetería para nada.
Y si no trasnochamos porque prohiben las terrazas ya no necesitaremos echar la siesta, y además nos levantaremos mas temprano con lo cual podemos desayunar con huevos escalfados y tostadas y bollería, tenemos tiempo!, así desayunamos copiosamente en casa y nos ahorramos el café a la media hora de llegar al trabajo. Con lo cual nos perderemos la charla con los compañeros, con el parroquiano, y con el del bar, que encima entrará en depresión no solo económica sino anímica, porque no tendrá a nadie con quien compartir sus pqueños problemas y desahogarse.
Las terrazas también las prohibiran porque como son actividades molestas pues habrá que ponerles límite de horario.
Con lo cual nos convertiremos en esos queridos europeos que huían de sus aburridos paises y buscaban en España eso “diferente” que nadie sabe explicar qué es, pero que a todos se les hacía deseable.
Como no trasnocharemos noslevantaremos con tiempo de desayunar como animalicos, con lo cual comeremos poco, no echaremos la siesta y nos acostaremos temprano porque total … en la calle no hay nadie.
España, ya no será diferente, habrá ganado en reglamentación, en salud física, en rendimiento en el trabajo. Pero habrá perdido la chispa, la conversación, el paseo, la vida en la calle, la alegría de compartir… Seremos como el resto de europeos, o mejores!! porque los que llegamos tarde a lo que sea, lo cojemos con ahinco y somos capaces de ser los mas aburridos encuanto nos lo propongamos.
Ya no vendrán a vivir los extrangeros, porque para estar igual que en sus paises… se quedarán en ellos. Qué nos importa??, ni que la principal fuente de ingresos nos viniera del turismo!.
Nada, ya no seremos diferentes, por fín! lo que nos ha costado eh!!, no queríamos ser diferentes, pues ya mismo lo conseguimos y somos… como todos; un muermo del que huir.